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2008-12-17

La esperanza de la Naturaleza esta en la investigacion

Aún desde los días recalcitrantes de los inicios ecologistas, cuando iba a las manifestaciones de las Madres de Plaza de Mayo con una solitaria bandera verde con "Ecologismo presente" escrito en letras blancas, y que nadie sabía ni qué significaba, yo ya estaba a favor de la energía nuclear y de la investigación genética, y desde entonces hasta ahora nunca se me ha ocurrido ni por un momento cambiar esa posición.

A veces los ecologistas tienen la peligrosa tendencia de pensar que el pasado siempre fue mejor, y que la ciencia sólo traerá desgracias.
Nada más lejos de la realidad.
Asociada a esta superstición está la idea de que todas las culturas primitivas deben ser respetadas, lo cual es el colmo del racismo hipócrita.
Yo viví cerca de tribus indígenas selváticas en el Paraguay de mi niñez, y sé que no la pasaban nada bien, sobre todo en temas de salud. Podían morir por una caries infectada; así de simple.
La película "La Misión" relata (un poco exagerada y católicamente) el hecho histórico de que los indígenas de mi zona se resistieron a volver a la selva, a su vida anterior, y tuvieron que ser desalojados de las misiones jesuíticas a cañonazos.



Los sostenedores de la frase "todas las culturas deben ser respetadas" suelen hallar un límite ante los sacrificios humanos, las mutilaciones y el canibalismo - prácticas ampliamente extendidas en todo el mundo antiguo - pero a veces son condescendientes con prácticas que son asqueantes e insalubres y que ellos jamás permitirían a sus seres queridos, pero bue... parece que los miembros de tribus exóticas no son tan "seres queridos", y por lo tanto debe permitirse que sigan con sus costumbres sacrosantas, como lo muestra este video, por ejemplo:



Estas tribus deben ser expuestas a la modernidad, y luego ellos serán suficientemente inteligentes para adoptar lo bueno y rechazar lo malo de ambos mundos.
Pensar que ellos no podrán hacer eso implica que no confiamos en absoluto en su inteligencia!!!

Meterlos en jaulas virtuales sin contacto con la civilización, sin intervenir para sacarlos de su ignorancia, no sólo es inhumano sino profundamente racista, ya que consideramos que ellos están "genéticamente diseñados para esa vida".


Europa también estuvo compuesta por tribus indígenas tribales, como cualquier otra parte del mundo.
¿Y qué hicimos?
Pues al tomar contacto con el pensamiento racional hemos modificado nuestras costumbres, hemos desechado nuestras supersticiones, de acuerdo a todo lo que hemos aprendido. Ya no tiramos más gente a los leones en los circos, ya no creemos que la Tierra es el centro del Universo, y las mujeres se han puesto a la misma altura del hombre en montones de cosas.
Sólo para citar algunos ejemplos.

Ok, ok, es cierto que Occidente ha sido causa de guerras y desastres ecológicos, pero yo no estoy diciendo que esta es una sociedad perfecta, ni mucho menos. Lo que digo es que, incluso con sus grandísimos errores, sin el avance científico y cultural que se dió en Occidente, este mundo sería un infierno inimaginable una vez que la superpoblación tomó velocidad.

El advenimiento de la modernidad en Occidente no implicó un automático cambio de las tribus europeas al 100% de pensamiento racional ni a la percepción profunda de la Naturaleza.
Es un proceso gradual, pero de igual manera, este proceso tiene su origen y su mayor fuerza en Occidente (extendiéndose a la India y países del extremo oriente), y aún tiene enemigos formidables, como el islamismo, el fascismo y el comunismo.

Tenemos que valorar lo que está sucediendo en Occidente.
El ecologista típico europeo, americano y latinoamericano son, por regla general, antioccidentalistas. Esto es un error de peso que ha llevado al ecologismo occidental a apoyar a dictadores sanguinarios y a ideologías de tiranía, y a sumirse en contradicciones enormes que terminarán por destruir el movimiento por su falta de coherencia.

En la siguiente nota, este científico italiano que antes perteneció a la tribu europea católica (y que abandonó amistosamente esa tribu) expresa muy claramente la magnitud del papel de la ciencia en el proceso del cambio que estamos pasando.
Es exactamente al revés de lo que lo que piensan muchos ecologistas: sin investigación genética el mundo puede terminar en una catástrofe inimaginable.
Sólo para dar una idea de cuánto pueden ayudar los alimentos genéticamente modificados:
Si la población actual mundial tuviera que prescindir de los alimentos transgénicos, entonces deberíamos haber tirado el Amazonas hace rato ya, para cultivar allí. Y ni siquiera eso ya nos alcanzaría. La llegada de los transgénicos fue, pues, uno de los factores que ayudaron a conservar las selvas hasta hoy.

"Los seres humanos nunca somos del todo racionales"

En opinión del biofísico italiano, el cerebro del hombre es perezoso por naturaleza
Boncinelli: "Los seres humanos nunca somos del todo racionales"
Boncinelli: "Los organismos genéticamente modificados son una bendición, pese al miedo de la gente"

Foto: Elisabetta Piqué

Elisabetta Piqué
Corresponsal en Italia

ROMA. Edoardo Boncinelli, reconocido biofísico italiano que se dedicó durante 30 años al estudio de la genética y de la biología molecular de los animales superiores y del hombre, no tiene dudas. "Los hombres nunca somos racionales. Aun cuando nos esforzamos y nos empeñamos, los hombres no somos nunca del todo racionales porque nuestro cerebro es perezoso y prefiere sacar conclusiones rápidas, pero equivocadas, antes que lentas, pero rigurosas", dice en una entrevista con La Nacion.

Nacido en 1941. Boncinelli es docente en la Facultad de Filosofía y de Psicología de la Universidad Vita-Salute, de Milán. Escribe regularmente en la revista Le Scienze y en el Corriere della Sera . Además, fue director de la Escuela Internacional Superior de Estudios Avanzados de Trieste.

"Siempre fui un apasionado del cerebro, algo fascinante, y siempre tuve una tendencia hacia la filosofía, pero científica", cuenta. En los últimos 12 años, este intelectual que tiene el gran don de saber hablar de forma comprensible de complejos temas científicos ha escrito 24 libros. Ahora está trabajando en otros tres: uno sobre la libertad, otro sobre la conciencia y otro sobre la racionalidad, justamente...

-¿Qué hay en el cerebro que hace que tengamos el lenguaje?

-Si lo supiera antes de morir, estaría muy contento. Qué hace que nosotros aprendamos y usemos el lenguaje y los animales no es una de las preguntas más lindas que se puedan imaginar. En los genes no está escrito. Por lo tanto, debe de estar escrito en esa parte del genoma que todavía no sabemos leer.

-Pero sabemos muchas cosas. Por ejemplo, en su último libro, Cómo nacen las ideas , usted explica que en una zona del cerebro están los números genéricos.

-Sí, aprendimos muchas cosas sobre el lenguaje, pero todavía no sabemos qué es lo que nos da el poder para aprender el lenguaje. Aprendimos muchas cosas que a los hombres no les gustan, como por ejemplo que nunca somos racionales. Aun cuando nos empeñamos y nos esforzamos con todo para ser racionales, no lo somos, porque nuestro cerebro es perezoso y prefiere sacar conclusiones rápidas y equivocadas, antes que lentas y rigurosas.

-¿Usted tampoco? ¿Un famoso científico no es racional?

-¡Claro, todo el mundo! El cerebro es perezoso. Por otra parte, el cerebro, que fue hecho 150.000 años atrás, no estaba hecho para las sutilezas matemáticas de hoy.

-¿Cuán genéticamente distinto es el hombre de hoy con respecto al de hace 100.000 años.

-Absolutamente nada. Lo que se piensa hoy es que el hombre es genéticamente idéntico desde hace exactamente 150.000 años: lo importante del genoma no ha cambiado.

-¿Ni siquiera el cerebro?

-Absolutamente no. Todo lo que se dice al respecto son cuentos.

-¿Cómo es posible que nuestro cerebro no haya cambiado, si el mundo cambió muchísimo?

-Esto es lo lindo del ser humano: mientras los animales sólo tienen la evolución biológica, y por lo tanto una adaptación lentísima, el hombre, además de la evolución biológica también ha tenido una evolución cultural, que va rapidísimo, quizá demasiado rápido. Nosotros nacemos exactamente como los hombres de hace 150.000 años. Pero, atención, nosotros tenemos una suerte de doble nacimiento, porque bastan pocos meses, pocos años, para que el niño de hoy a los 3 años sea distinto del niño de 3 años de la era de las cavernas. A los 5 o 6 años diría que es muy distinto del niño de hace 150.000 años. Nuestro cerebro es totalmente maleable y en los primeros años todo lo que pasa es esculpido como si hubiera estado desde el nacimiento. Esta es la gran diferencia.

-¿Todavía podemos evolucionar en el orden biológico?

-Seguramente, pero harán falta 200.000 o 300.000 años. Nadie puede prever el futuro, pero ése es el ritmo de la evolución. Antes de que nosotros hagamos una evolución biológica, el hombre habrá intervenido sobre su genoma. Porque en unos 15 o 20 años será posible intervenir artificialmente sobre nuestro genoma, algo que será un evento excepcional.

-En cuanto al problema ético y moral, ¿como ve la manipulación genética?

-Para mí es una discusión lindísima la de qué se debe elegir. Los diarios dicen "hijos rubios con ojos celestes", pero me parece una de las estupideces más grandes que se puedan imaginar. Sí, en cambio, se puede hablar de hijos más inteligentes, más longevos, más sanos... Aunque mi apuesta es que los primeros genes que se tocarán serán los que regulan la extensión de la vida. Ahora tendemos a vivir cien años, pero tocando algunos genes podremos vivir doscientos o trescientos. ¡Entonces seguramente el mundo será dado vuelta absolutamente!

-¿Estaría de acuerdo con semejante manipulación?

-Yo estaría de acuerdo si está bien hecho. Yo siempre estoy de acuerdo con todo, si está bien hecho.

-¿Con la manipulación genética el hombre podrá ser moralmente mejor?

-Los rasgos complejos, como la inteligencia, la docilidad, la bondad, la voluntad, no son controlados por un gen, pero tampoco por cientos, o por miles, sino probablemente por miles de millones de genes. No podemos esperar que cambiando un gen o diez genes tengamos grandes resultados. Sobre el problema moral, yo escribí un libro titulado El mal , en el que dije muy claramente que el mal y el bien son dos conceptos relativos. Hay que ver en un momento qué es lo que la humanidad, no una nación sí y otra no, considera el mal y considera el bien. Yo no sé qué es bien o qué es mal. Sí, lo sé con mi vida, con mis hijos, con mi mujer, pero nunca me pondría a decirle a otro qué es bien y qué es mal, como hace la Iglesia. Es la humanidad la que debe decidir adónde quiere ir.

-¿Usted es católico, creyente?

-Soy bautizado, me casé por Iglesia, enseño en una universidad que en Italia consideran católica, pero no soy creyente. Pienso que detrás de una manzana que cae está la fuerza de gravedad, pero el primitivo no lo sabe y cree que detrás de la manzana que cae está la mano de Dios. Por eso la espiritualidad no es un punto de llegada, sino un punto de partida que siempre ha evolucionado.

-¿Por qué la gente le tiene miedo a la ciencia?

-Porque el hombre, como todos los animales, le tiene miedo a lo nuevo, y la ciencia es lo nuevo. Hasta hace 100 o 150 años sobre un plato de la balanza estaba el miedo a lo nuevo, pero del otro estaba que esperábamos ventajas materiales. Ahora tuvimos tantas ventajas, objetivamente, que ya no existe equilibrio. Pero después hubo un error gravísimo: prometer en nombre de la ciencia cosas que no podían prometerse. La ciencia puede dar bienestar material, pero no puede dar la felicidad ni la sabiduría. Cuando el hombre se da cuenta de que es tan infeliz como antes, y que no es sabio, queda decepcionado y se rebela contra la ciencia.

-¿Qué piensa de los organismos genéticamente modificados?

-Que son una bendición a la cual, para variar, la gente le tiene miedo...

-En la Argentina es todo OGM, y los tomates no tienen gusto a nada...

-Pero tampoco la manzana norteamericana tiene gusto a nada. No por los OGM, sino simplemente porque la sacan del árbol cuando todavía está inmadura. Lamentablemente, las exigencias del mercado nos hacen comer manzanas lindísimas que no tienen gusto a nada, tomates lindísimos, pescado lindísimo, criado en casa prácticamente, es cierto, pero no tiene nada que ver con los OGM.

-¿Está a favor de las investigaciones con células madre?

-Claro, porque es la esperanza del futuro. Cuándo se realizará, no lo sé. Todo empezó hace diez años. Cuando me entrevistaron dije que era inminente la utilización, pero, en cambio, todo fue lento. Por un lado, hay gente que frena; por otro, hay gente que promete el oro y el moro. Dicen que tendremos todo mañana, pero no será mañana porque aún hay cosas que no sabemos hacer.

FUENTE:
Los intelectuales / Edoardo Boncinelli"Los seres humanos nunca somos del todo racionales"

En opinión del biofísico italiano, el cerebro del hombre es perezoso por naturaleza

lanacion.com | Cultura | Mi�rcoles 17 de diciembre de 2008

2007-09-24

Conciencia Animal: ¿Similar a la Humana?

El siguiente artículo constituye un importante apoyo para los defensores de los derechos de los animales, ya que estudios científicos demuestran que la mente animal y la mente humana tendrían una similaridad mucho más profunda (en todos los sentidos) que la que se creía hasta ahora.
Esto también daría la razón a los vegetarianos por razones morales, y a los filósofos yoguis y budistas, que siempre sostuvieron que matar animales era un crimen, y que su sensibilidad no era tan diferente de la nuestra.


Conciencia al Natural:
El tronco cerebral puede orquestar las bases de la conciencia


Por Bruce Bower

En Octubre de 2004, el neurocientífico Bjorn Merker empacó su videocámara y se unió a cinco familias para pasar una semana juntos en Florida, que incluyó muchas visitas al jardín infantil de las delicias conocido como Disney World. Para Merker, sin embargo, el viaje no era de vacaciones. Con el permiso de los padres, fue a observar y documentar la conducta de un niño de cada familia que había nacido con la pérdida del 80% de su cerebro, aproximadamente.

CEREBRO INTERNO
Estudios en animales y observaciones de niños nacidos con la pérdida de la mayor parte de la capa exterior del cerebro, o corteza, sugiere que el tronco cerebral genera una forma fundamental de pensamiento consciente. Aquí, el corte de un cerebro humano normal muestra la corteza plegada sobre el tronco cerebral (en el cuadro)


W. Krutein / Photovault.com

Estos niños, de 1 a 5 años de edad al momento de su aventura en Disney, habían sufrido ataques cerebrales siendo fetos, o habían experimentado otros problemas médicos poco después de su nacimiento, que habían destruido casi toda la capa exterior del cerebro, o corteza. En esta rara condición, llamada hidranencefalia, el fluido cerebroespinal llena los huecos dentro de la cabeza del niño.

Tales chicos mueren a menudo durante el primer año de vida como resultado de apoplejía, parálisis cerebral, anormalidades pulmonares, y una variedad de otras enfermedades físicas. Con medicación apropiada y la instalación de cánulas para drenar fluidos de la caja craneana, sin embargo, algunos individuos viven 20 años o más.

Los neurólogos típicamente ven a la hidranencefalia como una sentencia anatómica de "estado vegetativo" de por vida. Tales niños supuestamente validan una ecuación brutalmente simple: Poca o ninguna corteza es igual a no conciencia de ninguna clase.

En actividades familiares observadas en el Reino Mágico y en todas partes, los niños rápidamente echaron dudas sobre esa presunción estándar. Merker notó que estos niños sin corteza, no verbales, permanecieron alertas la mayor parte del día. Ellos reaccionaron a lo que ocurría alrededor de ellos y expresaron una variedad de emociones. La boca de una niña de 3 años de edad se abrió ampliamente, y su cara brilló con una mezcla de alegría y excitación cuando sus padres colocaron a su hermanito bebé en sus brazos.

Los chicos mostraron buena audición pero visión limitada, un patrón curioso dado que ellos típicamente retienen pequeñas partes de la corteza visual, pero ninguna de la corteza auditiva.

En observaciones en la casa de cada niño, Merker notó que estos chicos reconocían a los familiares adultos, gustaban del entorno familiar, y preferían juguetes específicos, músicas, o programas de video. Aunque sentados con movilidad limitada, algunos niños adoptaron iniciativas de conducta, tales como aprender a activar un juguete moviendo una llave.

En el Febrero de Ciencias de la Conducta y del Cerebro, Merker, un neurocientífico independiente en Segeltorp, Suecia, describió cómo los logros de estos chicos se relacionan con conductas registradas en estudios previos de funcionamiento cerebral humano, y de animales luego de la remoción del córtex. Su análisis generó una propuesta provocativa: La conciencia básica del mundo interno y externo de uno depende del tronco cerebral, el a menudo pasado por alto cilindro de tejido situado entre el cordón espinal y el córtex.

Merker argumenta que el tronco espinal es la base de una forma elemental de pensamiento consciente en niños con hidranencefalia. También contiene estructuras auditivas capaces de preservar la audición en algunos niños sin córtex. En contraste, el daño del nervio óptico en hidranencefalia frecuentemente impide la visión, sin importar lo que el tronco cerebral haga.

La autoconciencia y otras formas "elevadas" de pensamiento pueden requerir de contribuciones corticales. Pero Merker propone que la "conciencia primaria", que él considera como la habilidad de integrar sensaciones del medio ambiente con las metas y sentimientos inmediatos propios en orden de guiar a la conducta, surge del tronco cerebral.

Si él está en lo correcto, virtualmente todos los vertebrados - que comparten un diseño similar del tronco cerebral - pertenecen al club de "conciencia primaria". Además, las definiciones médicas de muerte cerebral como una falta de actividad cortical podrían enfrentar un serio desafío. En último término, los médicos no podrían seguir asumiendo que los individuos con hidranencefalia no necesitan medicación para el dolor o anestesia durante procedimientos médicos invasivos.

"Estar consciente no es necesariamente ser autoconsciente," dice Merker. "El consenso tácito concerniente al córtex cerebral como 'el órgano de la conciencia'... puede ser, de hecho, un serio error."


Drenaje cerebral
Las raíces de la tesis de Merker surgieron hace más de 50 años, en la sala de operaciones de los neurocirujanos canadienses Wilder Penfield y Herbert Jasper. Los cirujanos fueron pioneros en la remoción de largas porciones de córtex como tratamiento para una severa, incontrolable epilepsia. Para identificar y evitar dañar a áreas cerebrales aún en funcionamiento, Penfield y Jasper mantuvieron a sus pacientes despiertos durante la cirugía y administraron solamente anestesia local.

Varias habilidades mentales sufrieron durante y después de las operaciones, dependiendo del sitio y la extensión de la pérdida neuronal. No obstante, los pacientes mantuvieron una corriente continua de pensamiento consciente, según descubrieron Penfield y Jasper.

En el curso de la estimulación eléctrica de varias áreas cerebrales durante la operación, para identificar áreas claves funcionales, ellos notaron que la corriente aplicada en puntos correctos pueden producir todas clases de ataques, excepto una - el así llamado "epilepsia ausente," caracterizado por una súbita pérdida de conciencia durante unos pocos segundos. Sobre la base de lo que ellos conocían del cerebro, los investigadores teorizan que las estructuras dentro y justo arriba del tronco cerebral, típicamente disparan la epilepsia ausente y colaboran con el córtex para regular el pensamiento consciente y actos intencionales.

Experimentos con animales, predominantemente con ratas, han indicado desde entonces que tres partes adyacentes del tronco cerebral comprenden un "simulador neurológico de realidad" que da origen a una forma fundamental de conciencia, asevera Merker.

Junto al tope del cerebro medio, que representa el techo del tronco cerebral, capas de células interpretan el trazado espacial de los alrededores de un animal, en relación a su cuerpo. Justo debajo, un parche de tejido gris influye en las conductas relacionadas con las emociones, tales como la agresión, sexo, maniobras defensivas, y reacciones de dolor.

Más abajo el tronco cerebral hay regiones interconectadas que regulan la dirección de la mirada y organiza las decisiones acerca de lo siguiente a hacer, tales como alcanzar un pedazo de comida o seguir a una pareja potencial.

Juntas, estas estructuras rodean el tejido del tronco cerebral que conecta a las áreas sensorias a través de la corteza.

Merker propone que, en criaturas con tronco cerebral pero poca corteza, el simulador neurológico de realidad produce un mapa de dos dimensiones, similar a una pantalla, del mundo, con formas móviles. Una larga porción cortical sostiene el simulador neuronal de realidad, creando la habilidad de percibir un mundo de tres dimensiones, compuesto de objetos sólidos. La expansión neural también permite a las personas a reflexionar acerca de lo que ellos piensan y sienten.

En apoyo de su teoría, Merker cita estudios realizados en los últimos 40 años, en los cuales ratas y gatos mostraron relativamente pocos problemas de conducta luego de la remoción quirúrgica del córtex, tanto en la infancia como en la adultez. Estos animales privados de córtex utilizaron la visión y el tacto para orientarse en sus alrededores, aprendieron dónde encontrar comida en laberintos, y permanecieron capaces de estar parados, trepar, acicalarse, formar pareja, y cuidar de sus crías.

Merker también cita un fenómeno inusual conocido como “efecto Sprague”. La completa remoción de la corteza visual en un lado del cerebro, incapacita a los animales a ver nada en la mitad del campo visual opuesto al sitio de la cirugía. Pero un pequeño corte en el cerebro medio restaura la habilidad del animal para detectar y aproximarse a entidades móviles, aún si no pueden distinguir un objeto de otro.

El efecto Sprague subraya la influencia visual del tronco cerebral, argumenta Merker. La remoción de la corteza visual descarrila la actividad del tronco cerebral, vía numerosos eslabones neurológicos, hacia las células espaciales del cerebro medio, que súbitamente carecen de estímulos significativos. Un corte bien colocado en el cerebro medio detiene la actividad de algunas de esas conexiones caprichosas, permitiendo un retorno parcial de la visión, según su punto de vista.

Cualquier entidad equivalente a un simulador neuronal de realidad, "si estuviera en un medio neuronal o eventualmente en silicio," podría experimentar conciencia, teoriza Merker.


División Cortical
De 27 comentarios realizados por investigadores de la mente y el cerebro, publicados con el artículo de Merker, casi la mitad concuerdan que las funciones interiores de la conciencia residen en el tronco cerebral.

"Las raíces de la conciencia existen en los territorios antiguos neurológicos que compartimos con todos los vertebrados," dice el neurocientífico Jaak Panksepp de la Universidad del Estado de Washington, en Pullman. "Por el peso de la evidencia empírica, todos los mamíferos son seres sentientes."

En su propia investigación, Panksepp estudia la habilidad de los animales de experimentar estados mentales o sentimientos basados biológicamente, que van desde el hambre y la sed hasta el placer o aflicción emocionales. Por ejemplo, Panksepp y un colaborador reportaron en una controversial presentación en 2003 que las ratas expresan "alegría" mientras juegan con otras ratas, utilizando sonidos ultrasónicos que representan una forma ancestral de risa.

El psicólogo Caroll Izard de la Universidad de Delaware en Newark, enfatiza que esta forma de conciencia primaria, como Merker lo llamaría, o "efecto primario" como Panksepp determina a la conciencia de las ratas, consiste de actividad sensoria en el tronco cerebral. Esta capacidad genera emociones y conciencia de los alrededores, pero no la habilidad de hablar sobre lo que uno ha experimentado, continúa Izard. De la misma manera, las personas pueden llegar a ser concientes de un sentimiento que ellos no pueden etiquetar o describir, un fenómeno que es especialmente común en los infantes saludables y en niños que carecen de córtex, dice Izard.

La existencia de una conciencia primaria desafía a las presunciones ampliamente difundidas entre los médicos de que los recién nacidos y fetos no pueden sentir dolor, añade el neurólogo pediátrico K.J.S. Anand, de la Universidad de Arkansas para las Ciencias Médicas, en Little Rock. La evidencia sugiere actualmente que los cerebros maduros e inmaduros utilizan diferentes sistemas para procesar el dolor, dice Anand.

El tronco cerebral y el tálamo, una estación de relevo para las sensaciones justo arriba del tronco cerebral, recogen las respuestas de dolor en los bebés antes y después del nacimiento, asevera. El córtex se encarga de la percepción del dolor a medida que se expande grandemente durante la niñez y la adolescencia, hipotiza Anand.

Otros investigadores critican a Merker por negar a la corteza su posición tradicional como el ingenio cerebral de la conciencia. Aún si existe una forma básica de conciencia, ellos lo consideran al menos como un producto parcial de la corteza, no al tronco cerebral, tal como sostiene Merker.

El pensamiento conciente probablemente se sostiene en el funcionamiento de áreas cerebrales conectadas dentro y afuera del córtex, argumentan Susanne Watkins y Geraint Rees, neurocientíficos en la University College London. "Parece improbable que una actividad en cualquier lugar específico del cerebro humano sea suficiente para la conciencia," escriben.

Los niños con hidranencefalia estudiados por Merker poseen remanentes de tejido cortical que podrían haber producido estados de conciencia, sugieren los investigadores.

Otros comentarios, incluyendo los del filósofo Gualtiero Piccinini de la Universidad de Missouri, en St. Louis, citan evidencia anterior de que el córtex en sí mismo regula la conciencia visual. Siguiendo a un daño en la corteza visual, ciertos pacientes reportan ausencia de habilidad conciente para ver en un lado de su campo visual, pero aún perciben inconscientemente la identidad y la localización de objetos en el mismo campo visual. Los científicos llaman a este fenómeno "visión ciega."

El paciente con visión ciega más extensivamente estudiado ha sido frecuentemente reportado como siendo conciente de "algo" en su campo visual ciego, anota Merker. Este hombre retiene una conciencia visual primaria de sus alrededores, pero no puede describir qué es lo que ve en palabras, argumenta el investigador sueco.


Niños reclamados
En un reporte de 1999, D. Alan Shewmon, un neurólogo pediatra de la Universidad de California, Los Angeles Medical Center, y sus colegas, describieron observaciones caseras de tres niños, de edades entre 6 a 17, que habían nacido con hidranencefalia y fueron criados por afectivos y atentos padres Cada niño mostró signos comparables a una actividad mental conciente, reportaron los investigadores.

Por ejemplo, poco después de nacer, el escaneo cerebral de una niña recién nacida reveló una falta casi total de tejido cortical. Los médicos le dijeron a la madre que la niña no viviría más de 2 años como un "vegetal." Un neurólogo concluyó que el cerebro de la niña era "como el de un reptil" y que ella nunca podría interactuar con otras personas.

Shewmon visitó por primera vez a la niña a la edad de 5 años, observando su comportamiento en la casa. A pesar de la dificultad en sentarse o caminar sin ayuda, ella exhibió una excelente salud. Ella sonrió en respuesta a los saludos amistosos de Shewmon, e inmediatamente miró a los objetos que llevaron cerca de ella. En una sesión grabada en video con su madre, la niña exclamó "ah-ah" cuando fue animada a decir "mamá."

Ella se alegró al escuchar músicas alegres, pero a menudo lloraba con las músicas tristes. Gozó con la estimulación sensoria de la conducción de autitos, gritando en las detenciones y calmándose cuando el movimiento continuaba. No le gustaban los ruidos fuertes de las aspiradoras y secadores de pelo. Demostró comprender unas pocas palabras, incluyendo "Conejo Bunny" para uno de sus juguetes.

"Si estos niños hubieran sido mantenidos en instituciones o tratados como "vegetales," habría poca duda que ellos se hubieran vuelto exactamente como se predijo," dijo Shewmon.

Luego de hacer sus propias observaciones de niños con hidranencefalia y sus familias, Merker complementó ese punto. Notó que los niños bien tratados nacidos con poco o ningún córtex, regularmente mostraban breves pérdidas de conciencia debido a la epilepsia ausente, un signo claro de que en otros momentos ellos están concientes.

Los padres describieron a Merker esos lapsos de conciencia en sus niños con frases tales como: "ella está hablando con los ángeles."

Más intrigantemente, quizás, los niños con hidranencefalia demostraron que el tronco cerebral no es simplemente una reliquia reptil atesorada en la base del cerebro. "El tronco cerebral humano es específicamente humano," dice Merker. "Estos niños sonríen y ríen de un modo específicamente humano, que es diferente de nuestros parientes cercanos entre los monos."

Por ahora, el rompecabezas de la conciencia permanece irresuelto. Pero los investigadores corticalmente dotados pueden tener mucho que aprender de los chicos privados de corteza.


Fuente: sciencenews.org